sábado, 2 de febrero de 1980

CUENTOS - PRUEBA DE LEALTAD

PRUEBA DE LEALTAD 

Yo siempre fui una niña solitaria. No recuerdo haber tenido ninguna amiga de pequeña, estaba acostumbrada a jugar siempre sola con mis muñecas. Ni siquiera en la escuela llegué ha hacer amistades. Tal vez ese seá el motivo que cuando fui creciendo tampoco sabía comunicarme con la gente y mucho menos tener amigos.

Cuando tenía 10 años, una tía me regaló una perrita cocker a la que puse por nombre "Sugar". "Sugar"era terrible y gustaba de corretear mucho. Por ese entonces mi abuelito materno estaba vivo, pero era ya muy anciano, y "Sugar"en sus correrías un día le hizo tropezar y por poco se hace daño al caer. Ese fue el último día de libertad de mi "Sugar". Desde ese momento permaneció atada en la azotea, aún después que el abuelo murió porque la pobre "Sugar"acostumbrada ya a su prisión se volvía medio loca cuando se le soltaba y rompía cuanto encontraba en su camino; así fue como "Sugar "terminó sus días atada a una cadena que la privó por siempre de su libertad.
Había pasado cierto tiempo desde el día que murió "Sugar", y otra vez me regalaron una perrita, muy peludita ella y su pelo muy blanco. Tal vez por esa época yo habría leído alguna novela romántica porque decidí ponerle a mi nueva mascota por nombre : "Dulce amor".

Por esa época yo cursaba la secundaria, y ansiaba siempre la hora de llegar a casa donde me encontraba a "Dulce amor "esperándome a la puerta.

Nos habíamos vuelto inseparables, jugabamos, corríamos, y también dormía ella en mi cuarto. Solíamos pasear a través de la larga avenida que hay cerca de mi casa. "Dulce amor" era muy inteligente, aprendió toda clase de trucos que le enseñé poco a poco. La enseñé a saltar por un aro, a caminar en dos patas, a ir cerca del grifo de agua cuando tuviese sed, a recoger y traerme cuanta cosa le arrojase lejos, y también a saltar muy alto para alcanzar lo que yo tuviera en la mano. Veíamos la televisión juntas, o se echaba a mis pies cuando yo leía un libro y algunas veces nos sentábamos a la puerta de mi casa para ver el atardecer. A mi "Dulce amor"sólo le faltaba hablar, pero aún sin hacerlo se daba a entender muy bien.

Un día, a la puerta de mi casa después de haber visto el atardecer, íbamos hacia la entrada; en ese mismo momento un ladrón cuchillo en mano, que venía siendo perseguido por un policía, se abalanzó sobre mí. Tal vez lo hizo con la intención de amenazarme y que le dejara entrar en mi casa para esconderse mientras pasaba el policía, pero "Dulce amor"no lo entendió así pensó que yo estaba en peligro y de un tremendo salto llegó hasta la mano del agresor y le mordió, lo que hizo que él soltara el cuchillo, sin embargo "Dulce amor" seguía prendida de su mano. De un veloz y fuerte golpe con la mano izquierda, el ladrón arrojó a mi perrita por los aires, y se estrelló contra el suelo golpeándose su cabecita. Todo había pasado tan rápido. Yo estaba inmóvil por el susto, reaccioné cuando el policía llegaba y se llevó al ladrón; corrí al lado de mi perrita, la abracé, sus ojos me miraban fijamente y a un lado de su hocico corría un hilito de sangre. La abrazaba fuertemente como para darle el calor de mi cuerpo, y no me importó que su sangre manchara mi blusa. !Dulce amor! , !Dulce amor!!!!!, le llamaba, le gritaba hasta que mis gritos se convirtieron en llanto que desgarraba el aire, pero "Dulce amor no me contestó, ya no ladraba, ya no mordía. Mis lágrimas fueron cayendo una a una sobre su pelo, combinándose con su sangre pero ni aún así reviviría. Llorando, la llevé al jardín del fondo de mi casa, cavé un pequeño agujero y la enterré allí, encima sembré una planta que tal vez algún día florecería. Esa noche no pude dormir y sólo recordaba los momentos felices que había pasado al lado de "Dulce amor"e iba empapando la almohada con mis lágrimas hasta dejarla completamente mojada.

Hoy, han pasado los años, me casé con un buen hombre y tuvimos una niña, ahora estoy esperando otro bebé. Parada frente a la ventana que dá al jardín, veo a mi hijita jugando con su mascota que se llama "Caramelo". Al verla así viene a mi memoria la inolvidable imagen de "Dulce amor "jugando conmigo, haciéndome compañía, y el recuerdo de su cuerpo sin vida.

Mi mirada recorre el jardín y en una esquina la planta que sembré aquel día tiene una flor roja. Se me hace un nudo en la garganta, pero ya no hay lágrimas en mis ojos, porque ahora comprendo que el día que murió mi mejor amiga, mi pequeña "Dulce amor", me dió la mayor prueba de lealtad que se convirtió en eternidad.


 En memoria de mis queridas mascotas "Candy" y "Ruby"... . . 

  
Alondra   

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